Willard Mitt Romney at the Western Wall

Estados Unidos se olvida de la paz

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Para el fundador del Centro Palestino-Israelí de Investigación e Información, Gershon Baskin, la diferencia más importante entre ambos contendientes es de calendario. “La próxima Administración, sea de Obama o de Romney, tratará de relanzar las negociaciones (…) Si gana Obama, puede montar su equipo de Oriente Medio el 7 de noviembre. Si entra Romney (…) hablamos de un año hasta que pueda hacer algo”.

El conflicto entre Israel y Palestina ha pasado a segundo plano en los últimos tiempos para EE UU, preocupada más de la crisis, el embrollo nuclear iraní, la guerra civil en Siria…

Obama ha equilibrado su inicio distante con Israel con parabienes a Netanyahu, presiones a los palestinos y desinterés por el conflicto en la segunda mitad de su mandato.

Su mayor logro: tres semanas de diálogo de paz en septiembre de 2010.

Varios expertos creen que un Obama libre de las ataduras de la reelección podría forzar la mano a Netanyahu todo lo que no se atrevió a hacerlo antes, mientras otros creen que no buscará problemas en el Congreso.

Romney ha provocado con sus declaraciones que los palestinos opten por más por Obama.

Este, por ejemplo, atribuyó a factores culturales y a la “providencia” la diferencia de renta por habitante entre la subvencionada economía israelí y la palestina.

El futuro del paralizado diálogo de paz entre Israel y los palestinos depende en parte de la victoria de Barack Obama o Mitt Romney en las presidenciales de EE UU, si bien ambos candidatos mantendrían este flanco bien abajo en la lista de prioridades de su mandato, según analistas locales.

Si todo el planeta vive con interés los comicios del próximo 6 de noviembre en Estados Unidos, por las implicaciones globales de sus resultados, en Tel Aviv, Jerusalén o Nablus parecen casi elecciones locales, ya que la identidad del inquilino de la Casa Blanca tiene desde hace décadas un notable peso en los avances o retrocesos en la región.

Obama

También fue así con Obama, quien al inicio de su mandato lanzó signos de que su país, estrechísimo aliado de Israel, abandonaba su tradicional rol de “juez y parte” para convertirse en una suerte de arbitro equidistante en el conflicto. Su famoso discurso de El Cairo, sus claras condenas de la construcción en las colonias y su humillante desplante al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, fueron reemplazados a mitad de su mandato por parabienes a Israel, presiones a los palestinos y, en resumen, un desinterés por el conflicto en favor de frentes más cambiantes, como Irán, Siria, Egipto o Afganistán.

Su mayor logro: tres semanas de diálogo de paz en septiembre de 2010.

Romney

Romney, por su parte, ha conseguido en pocos meses que los palestinos se traguen su profunda decepción con Obama y recen por el triunfo del “malo conocido”. Para empezar, el pasado julio en Jerusalén, Romney atribuyó a factores culturales y a la “providencia” la diferencia de renta por habitante entre la subvencionada economía israelí y la palestina, bajo ocupación militar y sin control de sus fronteras. Además, en el famoso vídeo secretamente grabado en una cena recaudatoria en Florida, Romney dijo que “no hay manera” de hacer la paz con los palestinos porque están “comprometidos a la destrucción y eliminación de Israel”, así que Washington sólo puede aceptar que “seguirá siendo un problema no resuelto” y conformarse con un “cierto grado de estabilidad”. “EE UU ha perdido mucha credibilidad para los palestinos. Ya no aceptarán ni a Obama ni a Romney como intermediario honesto”, señala el israelí Ofer Salzberg, analista principal sobre Oriente Medio del International Crisis Group.

Para el fundador del Centro Palestino-Israelí de Investigación e Información, Gershon Baskin, la diferencia más importante entre ambos contendientes es de calendario. “La próxima Administración, sea de Obama o de Romney, tratará de relanzar las negociaciones (…) Si gana Obama, puede montar su equipo de Oriente Medio el 7 de noviembre. Si entra Romney (…) hablamos de un año hasta que pueda hacer algo”, dice Baskin.

En su opinión, un eventual triunfo republicano no traería a la Casa Blanca un “cambio radical” en el enfoque del conflicto palestino-israelí, ya que los asesores y mandos de seguridad se esforzarían en preservar las líneas maestras de anteriores administraciones.

“Puede que Romney individualmente no apoye o defienda exactamente esa política, pero si es presidente no tendrá elección”, agrega. Yaacov Bar Siman-Tov, experto en el conflicto palestino-israelí de la Universidad Hebrea de Jerusalén, subraya por su parte la “gran desconfianza” con que los palestinos recibirían a Romney tras su claro posicionamiento proisraelí. “Sondeará la posibilidad de impulsar el diálogo y si ve que el potencial no es alto, se limitará a gestionarlo, siempre y cuando la situación no le explote en la cara”, argumenta. Obama, en cambio, “no tendría nada que perder en su segundo mandato.

El Nobel ya lo ha ganado y no le van a dar otro”, ironiza. Varios expertos creen que un Obama libre de las ataduras de la reelección podría forzar la mano a Netanyahu todo lo que no se atrevió a hacerlo antes para mantener el apoyo del electorado y los grupos de presión proisraelíes. “Será más enérgico, aunque se topará con una realidad muy compleja en la región y un Gobierno derechista en Israel. Como mucho logrará arrancar algún acuerdo parcial”, estima Bar Siman-Tov.

Samir Awad, profesor de relaciones internacionales en la universidad cisjordana de Bir Zeit, discrepa: “Me parece una perspectiva un tanto naif. Obama necesitará el apoyo del Congreso para sacar adelante leyes y no querrá hacer enemigos”, dice. En cualquier caso, señalan los analistas de forma casi unánime, entre la crisis económica global, el embrollo nuclear iraní, la guerra civil en Siria, las democracias árabes en pañales y la retirada de Afganistán, el conflicto palestino-israelí quitará poco el sueño al próximo presidente de EE UU, salvo que un estallido de violencia le obligue a tomar somníferos. “Aunque ignoren lo que pasa aquí, es casi seguro que la situación va a estallar pronto, sea en forma de enfrentamientos abiertos con colonos, crisis económica de la ANP u otra. Los palestinos cada vez tienen menos que perder en un escenario de violencia”, pronostica Awad.

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